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El Pacto Ancestral Trae Desdicha

Capítulo 4 

Palabras:554    |    Actualizado en: 01/07/2025

rible, colgaba en el aire. Pero la incredulidad es una mala hierba difícil de arrancar. A

tá lo

se cree e

arroga

escepticismo de la multitud y la p

ico. No eres nadie. Sofía es una Mendoza. Yo soy un Torres. Juntos, valemos más de lo

ecesita anunciarse, simplemente es. Él había sido demasiado blando, había permitido que su poder fuera usado por gente que n

sonrisa cruel y lle

oportunidad de salir de aquí sin los huesos rotos. Arrodíllate. Arrodíllate ahora mismo, f

us intenciones claras. La multitud contuvo el

na mirada fría y analítica que p

dijo Sebastián en voz baja. "Demasiado segur

poder, tengo conexiones. ¡Tú no tienes nada! ¡Aho

cla de furia y satisfacción, perdió la pacienc

" gritó. "¡Si él no

án. Esta vez no para arañar, sino para go

l puño acercarse. Vio el odio en los ojos de So

cer contacto, un sonido agudo y seco resonó

R

partió en dos. Las dos mitades cayeron del cordón roto, golpea

ara de Sebastián. Todos los ojos se clavaron en

profundo escapando de sus labios. No era un suspiro

a Sofía, cuyo rostro h

uchó en todo el patio silencioso. "Lo has hecho. H

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El Pacto Ancestral Trae Desdicha
El Pacto Ancestral Trae Desdicha
“El aire de la hacienda Mendoza, empapado de agave y riqueza ajena, era un asalto para Sebastián, un hombre de la sierra que venía a cumplir un pacto ancestral. Llegó a una fiesta bulliciosa para encontrar a Sofía Mendoza, su prometida por un acuerdo de honor entre abuelos, colgada del brazo de otro. Las palabras de burla de Sofía, sus risas vacías y la arrogancia de su amante, Carlos, lo rodearon, mientras ella, ciega de desdén, destrozaba un amuleto de obsidiana, el corazón de la fortuna Mendoza. ¿Cómo era posible tanto desprecio por la sangre y por la historia, por un legado que su propia familia había mantenido con sudor y sacrificio? Entonces el amuleto se quebró, lo que selló el destino de todos, y Sebastián, con una calma aterradora, se limitó a señalar el inevitable abismo que se abría ante ellos, un abismo del que ella, y solo ella, era la arquitecta.”
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