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El Precio de Tu Engaño

Capítulo 3 

Palabras:827    |    Actualizado en: 01/07/2025

ante años, había vivido en un estado de alerta constante, trabajando sin descanso, preocupándose por el dinero, por Ricardo, po

o abrió la puerta, se encontró a Ricardo sentado en el escalón,

onrisa forzada. "Te traje algunas cosas.

las bolsas

trabajar", dijo,

tó y le blo

e, yo me haré cargo de todo". Tomó una de las bolsas y sacó un v

aro, y completamente ajeno a ella. Er

ijo ella. "Me gu

e Ricardo se

s a poner ese vestido y vas a venir

ue colgaba de la pared. La mujer que le devolvía la mirada era una extraña. Sus manos estaban ásperas y callosas por el trabajo. Su rostro estaba surcado p

ndo la vio, una sonrisa de sati

Te ves hermos

ondujo durante horas, hasta llegar a la ciudad. Se detuvo frente a u

s aquí?", pr

icardo con orgullo. "Es la mejor de la ciudad. Aquí tendrá la mejo

ajo. ¿Era posible que fuera tan cruel, t

temblando ligeramente. "Ped

oz. "Ya pagué la matrícula de todo el año. Será una sor

grito rasgó el silencio del auto. "¡Murió! ¡Murió de hambre y de

rostro una mezcla

es gracioso. ¿Por qué inv

e. Para él, Pedrito seguía siendo un niño sano esperando su

nte era tenso, cargado de palabras no dichas. La llevó a un r

a actuando como si nada hubiera pasado, hablando de sus p

o de repente, tomando la mano de Sofía.

No iba sola. Estaba con un grupo de amigos ricos y ruidoso

icardo, querido, no sabía que te gustaba t

enso. "Elena, por

Sus ojos se posaron

onocido. Ah, ya recuerdo. Es el que iba a tirar la semana pasada porq

que le quemaba la cara. Miró su vestido, el vestido que Ricardo le h

do contra el suelo de mármol. No miró a

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El Precio de Tu Engaño
El Precio de Tu Engaño
“Sofía apretaba billetes arrugados, el sudor frío corría por su palma mientras el olor a polvo del tianguis le revolvía el estómago. Dos años había vivido en un laberinto de objetos robados, todo por Ricardo, su esposo, el arqueólogo desaparecido, para juntar el rescate que supuestamente lo traería de vuelta. Pero la tos seca de Pedrito, su hijo, la golpeó como un viento helado: desnutrición severa, un sistema inmune devastado. Cada peso ganado iba a la caja de zapatos bajo su cama, para el rescate de Ricardo. Entonces, el teléfono vibró, era Doña Carmen: "¡Sofía! ¡Es Pedrito! ¡No deja de toser y tiene fiebre muy alta! ¡Tienes que venir ya!". El corazón de Sofía se detuvo, corrió como nunca, empujando gente. Cuando llegó, Pedrito yacía en la cama, temblando, sus labios morados. "Mamá" , susurró con un hilo de voz, "tengo frío" . En el hospital, los médicos hicieron lo que pudieron, pero ya era tarde. Pedrito, su único hijo, había muerto. Al día siguiente, con el dinero por fin reunido, que ahora parecía una broma cruel, y una pequeña caja de madera con las cenizas de Pedrito, Sofía fue al muelle abandonado para el intercambio. Cuando el Mercedes reluciente se detuvo, Ricardo bajó, perfecto, en un traje caro, y detrás de él, Elena, la viuda de su hermano, colgándose de su brazo y besándolo. Ricardo al verla, su sonrisa se borró, reemplazada por fastidio. "Sofía, ¿qué haces aquí? Arruinaste la sorpresa". Elena la miró de arriba abajo, despreciativa. "Ricardo, querido, te dije que no era buena idea. Mira qué aspecto tiene. Qué vergüenza" . ¿"Sorpresa?", logró articular Sofía, su voz rota por el dolor. "¿De qué sorpresa hablas, Ricardo?". Ricardo dijo, frío: "Planeaba volver en una semana, decirte que los secuestradores me habían liberado. Pero veo que te adelantaste. ¿Cómo me encontraste?". "Vine a rescatarte", dijo Sofía, levantando la caja. "Vendí todo. Trabajé día y noche. Junté el dinero. Pedrito...". No pudo terminar la frase. Ricardo ni siquiera miró la caja. "Bueno, como puedes ver, no era necesario. Elena y yo hemos estado manejando mis negocios. La desaparición fue solo una forma de tener tiempo para organizar todo sin distracciones". En ese instante, la realidad la golpeó: todo había sido una farsa. Mientras ellos vivían en el lujo, su hijo moría de hambre. Sin pensarlo, Sofía se giró y caminó, alejándose de la mentira, del engaño, del hombre que había destruido su vida, las cenizas de Pedrito pesando como todo el dolor del mundo.”
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