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Mi Prima Venena, Ruina Todo

Capítulo 4 

Palabras:369    |    Actualizado en: 30/06/2025

retumbar de los cascos de los caballos y el eco de las sevillanas. Era u

raba y salía de la caseta, a veces con amigos,

abel," dec

merecido," su

mientras yo, la verdadera víctima, era exhibida en mi miseria. Me negué a llorar

tarde, mientras me veía mirar fijamente a la pared

cio la enfurecía más

d? Sigues creyendo que

n gesto mínimo que me c

n alcanzó su punto álgido. Máximo llam

a voz de Máximo sonab

lada. Orgullos

. "Ponle esto,

lso. La abrió. Dentro había un simple collar

rometido," dijo co

nérmelo. Instinti

me to

mi dignidad, fue mi perdición y mi salvación. La ira deformó el rostr

ra. El mundo se volvió negro por un segundo. Cuando recuperé la consciencia, Sasha estaba de pie sobre mí, con

e su d

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Mi Prima Venena, Ruina Todo
Mi Prima Venena, Ruina Todo
“El aire en la caseta de la Feria de Abril, que antes fue escenario de nuestro amor, ahora apestaba a humillación y vino derramado. Llevaba tres días encerrada, con un traje de flamenca andrajoso que era una cruel burla a la bailaora que una vez fui. Máximo, el hombre que me prometió amor eterno, la razón de mi vida, me había encarcelado por la mentira de mi propia prima, Sasha, a quien di casa y trabajo. Me acusaron de sabotear sus negocios y de liberar a Duende, el caballo regalado, una falsedad tejida con la frialdad de su voz, que antes susurraba poemas. Fui obligada a servir a la élite andaluza, mientras Máximo consolaba públicamente a Sasha, quien envenenó su mente con cada palabra, haciendo que la desconfianza fuera el epitafio de nuestro amor. Mi padre, Ricardo Garcia, presenció mi degradación, priorizando la alianza comercial sobre la dignidad de su hija, su silencio una bofetada más. Mis entrañas rugían de hambre, mis pies descalzos se helaban en el suelo de madera, y las risas y los susurros de los invitados me reducían a un grotesco espectáculo. Luego, Máximo se fue de viaje, dejándome a merced de Sasha, que, con una sonrisa triunfal, fabricó pruebas de mi supuesta codicia para asegurar mi eterna desgracia ante sus ojos. Mi carrera como bailaora se desvaneció con cada mentira, y en un último acto de crueldad, Máximo ordenó que me pusieran un collar de perro. Cuando mi instinto de supervivencia me hizo resistir, Sasha me empujó, y mi cabeza golpeó la mesa, dejándome aturdida y con los huesos de mis manos y pies rotos en mi huida desesperada. Pero en ese abismo de dolor y traición, no era el fin, sino el incierto comienzo de una batalla por la verdad y la justicia que resonaría en toda España.”
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