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Mi Prima Venena, Ruina Todo

Capítulo 2 

Palabras:382    |    Actualizado en: 30/06/2025

ril se filtraban desde el exterior, un recordatorio constante del mundo que había p

hambre,

plato de jamón ibérico y un vaso de agua fre

si p

as piernas con elegancia. Sacó u

ximo cuando vuelva," dijo, abrien

entas personales. Fotos manipuladas de mí hablando con un hombre, un conocido tratante de caballos de

ando Máximo vea esto, no solo te od

más allá de los celos. Era

n hogar, un trabajo. Te t

n sonido agudo

Quería ser tú. Quería tu vida, tu est

a mí, su perfume caro l

ahora. Y tú...

ya estaba moviendo los hilos. Ellie Dawson, la joven a la que mi fundación había ayudado años a

entrada de Máximo en Oporto. Un informe que demostraba, con recibos y testimonios, que Sasha h

sonrisa triunfante de Sasha y el

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Mi Prima Venena, Ruina Todo
Mi Prima Venena, Ruina Todo
“El aire en la caseta de la Feria de Abril, que antes fue escenario de nuestro amor, ahora apestaba a humillación y vino derramado. Llevaba tres días encerrada, con un traje de flamenca andrajoso que era una cruel burla a la bailaora que una vez fui. Máximo, el hombre que me prometió amor eterno, la razón de mi vida, me había encarcelado por la mentira de mi propia prima, Sasha, a quien di casa y trabajo. Me acusaron de sabotear sus negocios y de liberar a Duende, el caballo regalado, una falsedad tejida con la frialdad de su voz, que antes susurraba poemas. Fui obligada a servir a la élite andaluza, mientras Máximo consolaba públicamente a Sasha, quien envenenó su mente con cada palabra, haciendo que la desconfianza fuera el epitafio de nuestro amor. Mi padre, Ricardo Garcia, presenció mi degradación, priorizando la alianza comercial sobre la dignidad de su hija, su silencio una bofetada más. Mis entrañas rugían de hambre, mis pies descalzos se helaban en el suelo de madera, y las risas y los susurros de los invitados me reducían a un grotesco espectáculo. Luego, Máximo se fue de viaje, dejándome a merced de Sasha, que, con una sonrisa triunfal, fabricó pruebas de mi supuesta codicia para asegurar mi eterna desgracia ante sus ojos. Mi carrera como bailaora se desvaneció con cada mentira, y en un último acto de crueldad, Máximo ordenó que me pusieran un collar de perro. Cuando mi instinto de supervivencia me hizo resistir, Sasha me empujó, y mi cabeza golpeó la mesa, dejándome aturdida y con los huesos de mis manos y pies rotos en mi huida desesperada. Pero en ese abismo de dolor y traición, no era el fin, sino el incierto comienzo de una batalla por la verdad y la justicia que resonaría en toda España.”
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