a dulce y terrenal que siempre me había gustado, pero e
vento anual del Día de Muertos, un día para recor
lavera, me apretaba la mano, sus peq
a a veni
mí, era una pregunta cargada de un
nrisa que no me l
bajo, mi amor. Un pro
o siempre aceptaba sus excusas. Por amor, me decía a mí misma. Por la familia que tanto me había costado constru
, una simple restauradora de arte que depend
s de cempasúchil en nuestro pequeño altar fami
zón se
estab
lazar, su joven interna. Y agarrado de su otra mano, un niño pequeño qu
osando para una foto. Iván tenía un brazo alrededor de los hombros de Scarlett, y su otr
n mi bolsillo. Era
na, Sofía. Te lo e
mi hija, que seguía concentrada en su altar, ajena a la traición que se desarrollaba a pocos metros de d
/0/21002/coverorgin.jpg?v=1a886aab59cc673e9a00627d9c79781d&imageMogr2/format/webp)
/0/21395/coverorgin.jpg?v=1aa436198e94e0b55ae2c0505414b571&imageMogr2/format/webp)
/0/22176/coverorgin.jpg?v=17104e3c9cb1251c59097028cdaee20c&imageMogr2/format/webp)
/0/20441/coverorgin.jpg?v=f5fdb119d2d54c971c3685aee7b669bf&imageMogr2/format/webp)
/0/14284/coverorgin.jpg?v=dbc05cf49620b169aeaed42e748e0000&imageMogr2/format/webp)
/0/13874/coverorgin.jpg?v=141a69876f8faa6ca4cbc2e4c8561bba&imageMogr2/format/webp)
/0/17518/coverbig.jpg?v=4badce922349f59ddc5a42460f89c8d8&imageMogr2/format/webp)