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Las Siete Guitarras y un Adiós

Capítulo 4 

Palabras:441    |    Actualizado en: 30/06/2025

, mi teléfono vibró. Era un número

ván. Soy

la imaginaba: arrogante, con

, pregunté, mi

Argentina, ¿sabes? Le dije que me sentía muy mal, que la necesitaba aquí. Pobre c

Una risa que me r

que ella siempre me e

r? ¿Por qué sigues siendo el exnovio secreto?"

. Luego, su tono

ber hasta qué punto te desprecia? ¿Recuerdas e

mitad de la noche. Tuve que llamar a una ambulancia yo solo. Lucia

dote de la cirugía, Luciana estaba conmigo", continuó Máximo

mi teléfono vibró de nuevo. Un

a

estaba tumbado en una hamaca, y Luciana estaba a su la

ión lo que me dest

sión que yo nunca había visto en sus ojos. Era la mirada de una mujer

y profundo. Era la prueba fin

arganta y reuní las últim

endentemente firme. "Me has hecho un gran favor.

ué.

apellido, no la mantendría como una amante a la que puede l

nté en la cama del hotel y me quedé mirando la foto durante mucho tiem

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Las Siete Guitarras y un Adiós
Las Siete Guitarras y un Adiós
“Hoy es nuestro séptimo aniversario de compromiso, pero Luciana ya está con las maletas hechas para irse a Argentina. No es para celebrarlo conmigo, sino para ir con Máximo, su exnovio, quien «la necesita desesperadamente». Mientras ella empaca su equipaje de marca y me ofrece otra guitarra carísima como compensación, en mi mente se repiten los siete años de humillación: siete aniversarios abandonado por ella, cada uno «compensado» con una lujosa guitarra, símbolos dorados de mi prisión. Pero esta vez no hubo guitarra, solo una foto enviada por Máximo, con Luciana arrodillada, untándole protector solar en la espalda. No fue la imagen lo que me destrozó, sino su mirada de devoción absoluta, una mirada que jamás me había dedicado a mí. Durante siete años, fui el «chico bueno» que esperaba, el huérfano «salvado» por su familia, el artista callado que recibía migajas de afecto y guitarras inmaculadas. Pero esa mirada, ese gesto privado de ella con otro hombre cuando yo estaba solo en un hospital, lo cambió todo. Ya no más. En el sobre sobre mi mesa de centro no hay otra guitarra, sino un billete de avión a Sevilla. Esta vez, no esperaré.”
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