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La Séptima Vez del Desamor

Capítulo 1 

Palabras:411    |    Actualizado en: 27/06/2025

sépti

o Castillo y Luciana Ramírez estaban f

gala en el club de tango. Sentía el sudor frío en la nuca, no por

a, con el pelo oscuro recogido en un moño suelto que dejaba escapar algunos mechones r

ella, rechazando giras por Europa, ignorando oportunidades que cualquier otro bailarín

ximo no necesitó mirar para sab

dijo ella, su voz con un tono de

iana cambió, la falsa molestia reem

aste tu inhalado

áximo, su cara una másc

. está teniendo un ataque de asm

ntiendo cómo una frialdad se extendía desd

su voz apena

rpadeó, so

no? Es una

de entrar. A punto de ca

La disculpa se desvaneció, r

el? ¿Una firma? ¡Mi amigo de la infancia a

lo golpeó. Él, que ha

o", respondió él, su voz tem

dándose la vuelta. "Hablamos má

e f

n el sol de la mañana pegándole en la cara. Se quedó ahí, inmóvil, viendo c

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La Séptima Vez del Desamor
La Séptima Vez del Desamor
“Estamos frente al Registro Civil por séptima vez. Siete años de mi vida como bailarín de tango, siete años sacrificando giras europeas y sueños por ella, Luciana. Hoy, por fin, nos casaríamos. Mi corazón latía con la esperanza de siempre, pero la ansiedad se arrastraba por mi nuca. Entonces, el teléfono de Luciana vibró. Era él. Siempre era Iván. "¿Otra vez? ¿Tomaste tu inhalador? Voy para allá", dijo ella, con una máscara de disculpa ya familiar. Colgó y, sin mirarme a los ojos, anunció: "Iván tiene una crisis de asma. Tengo que irme". La frialdad se extendió desde mi estómago. "No", susurré. Por séptima vez, me dejaba plantado por el mismo hombre, la misma excusa. "¿Cómo que no? ¡Es una emergencia! ¿Un papel es más importante que mi amigo de la infancia?" me espetó, acusándome de egoísmo mientras huía. La dejó la fría palabra clavada en mí, a mí que lo había sacrificado todo por ella. Caminé sin rumbo, el bandoneón melancólico burlándose de mí. Hasta que vi la foto. La foto de Iván Salazar, publicada hacía solo diez minutos: Luciana en su estudio, con la leyenda "Contigo, mi mundo tiene color". No era una emergencia. Era una burla. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Engañarme así, una y otra vez, mientras yo entregaba cada pedazo de mi alma? ¿Qué clase de perversa lealtad era esa, que la ataba a él y la hacía pisar mis sueños? Basta. La decisión me golpeó como un rayo. Me iré. Lejos de este tango tóxico, de esta ciudad que ya no me pertenece. Madrid me espera.”
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