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El Secreto Robado de Mis Hijos

Capítulo 2 

Palabras:581    |    Actualizado en: 27/06/2025

odía oír el pitido de las máquinas del hospit

trás, buscando apoy

voz apenas un hilo.

rostro, normalmente tan cariñoso

estatuas de sal. La verdad había sal

zo, mis uñas clav

erdad, Máxi

lo vacío, lejos de

te, se d

o de rodillas. "Isabella es nuestra h

suelo se abrier

hici

consciente después del parto. Mi hermana dijo que era lo mejor... que la niña crecer

n era como vene

s cinco hijos? ¿Los otros cinco bebés que lloré, que

able. Una idea horrible come

u rostro se vol

, por fa

s!", grité, mi dolor convir

canzó. Su hermana mayor, la ginec

icimos por el bien de la familia. Esos niños nec

a madre que cree que ha perdido a seis

ro saber dónde están mis otros hijos. O te juro

iera presionado

endureció. Se levantó

s esto, Luciana. S

amilia en el momento en que

su hijo de la mano. Al ver la escena, su rostro

Luciana, pareces muy alt

lidad me revol

como si fuera

niño a casa. Esto

acia mí, su voz b

rmano, me iré. Me mudaré con Sasha y mi hijo, y no volverás a verno

él se alejaba con Sasha, quien me la

l hombre por el que había sacrificado mi carrera, me estaba am

dolor, una nueva

y marqué el núme

l divorcio. Y necesito que me a

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El Secreto Robado de Mis Hijos
El Secreto Robado de Mis Hijos
“Llevaba ocho años casada con Máximo Castillo, una vida construida sobre el amor... y una profunda tristeza. Seis veces había pasado por el infierno del embarazo, solo para que, supuestamente, mis bebés nacieran sin vida. Máximo siempre me consolaba, diciéndome que me amaba a mí, no a los hijos que podríamos tener. Incluso, yo, desesperada por darle un heredero, localicé a su exnovia Sasha para que le diera un hijo. Pero en la fiesta de cumpleaños de mi sobrina Isabella, una transfusión de sangre de emergencia lo cambió todo. Cuando ofrecí mi sangre O-negativa, toda la familia de Máximo se abalanzó sobre mí, prohibiéndomelo. Un joven médico preguntó si yo era la "madre biológica" de Isabella. En ese instante, la verdad me golpeó como un rayo: Isabella era mi hija, la que creí muerta hace ocho años. Máximo confesó, de rodillas, que la niña que creí nacida muerta estaba viva y había sido entregada a su hermano. Mi dolor se transformó en una furia helada al preguntarle por mis otros cinco hijos. Su hermana, la ginecóloga, intervino, diciendo que lo hicieron "por el bien de la familia". ¡¿Por el bien de quién?! ¿Así que el dolor de una madre que creyó perder a seis hijos no importaba? Máximo, en lugar de arrepentirse, se atrevió a amenazarme con irse con Sasha si intentaba recuperar a mi hija, acusándome de destruir a su familia. Me quedé allí, paralizada, el corazón hecho pedazos, incapaz de entender tanta crueldad y traición. Pero debajo del inmenso dolor, nació una resolución implacable. Marqué el número de mi abogada. "Carla, soy Luciana. Necesito el divorcio. Y necesito que me ayudes a recuperar a mis hijos."”
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