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En El Jaula de Oro

Capítulo 2 

Palabras:577    |    Actualizado en: 23/06/2025

, ven

ra como el tintineo de un cristal a punto de

elo blanco. Su piel era pálida, casi translú

pecho otra vez", se quejó, a

sin emoción. "Ya sabes

iempre llevaba consigo. Era un regalo de mi abuela, una her

spesa y de un rojo oscuro, brotó de la herida. Sabrin

ordenó

cómo mi propia energía vital se drenaba con cada gota que tomaba. Cuando terminó, se limpió lo

ole a Máximo. Luego me miró,

envolvía en un trapo. La herida se cerraría en minu

la excusa perfecta para la tortura diaria de Máximo. Sangre p

danzas rituales de mi pueblo, danzas sagradas que solo debían hacerse en nuestra tierra. Aquí, en el frío mármol de su p

o frasco de cristal, riéndose. "

r. Yo estaba en el pasillo, limpiando una mancha de vino que Sabrina hab

a dicho, tirando la copa al suelo

s, me encontró allí, de rodillas, con el trapo en

...",

unté, mi voz rota. "

o quitaste todo. Mis padres. Mi felicidad. Mi vida. Me dejaste solo con

sus ojos vi un atisbo del niño per

ximo. Tu gente...

ntorsionado por el dolor. "No ha

y me sacudió. "Dime la v

mis ojos. No podía. Se lo había prometido. Protegerlos era protege

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En El Jaula de Oro
En El Jaula de Oro
“Mi pueblo se moría, y solo un hombre podía salvarnos: Máximo Castillo, mi amor de la infancia. Pero Máximo, consumido por el odio que creía justificado, me encerró en una jaula de oro. Cada día, me obligaba a usar mi energía vital para curar a su prometida, Sabrina, ignorando que mi propia conexión con la tierra se desvanecía. Soporté el tormento, sabiendo que mi silencio protegía a sus padres y, sin él saberlo, a él mismo. El colmo llegó cuando Sabrina, con una crueldad que helaba la sangre, atacó brutalmente a mi joven hermano. En ese instante, el amor que sentía por Máximo murió, dando paso a un odio frío y cortante. Cuando mis padres, a quienes creía desaparecidos, revelaron la verdad sobre Sabrina y mi sacrificio, ya era demasiado tarde. Me disolví en polvo de ámbar, un sacrificio inútil por un hombre que me destruyó. Máximo se arrepintió, dedicando su vida a reparar el daño que había hecho. Y un año después, en el acantilado que tanto amaba, saltó al vacío, buscando en la muerte el perdón y el reencuentro que la vida le negó.”
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