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Reescribir el futuro mío

Capítulo 2 

Palabras:584    |    Actualizado en: 20/06/2025

nte. Los invitados se marcharon en

ro en el gran salón: el Sr

ra!", ordenó el Sr. Vega. S

"No. Ella ya no tiene nada que hace

asada desbordándose. "Quiero que la despidas. Ah

país ha visto en cincuenta años! ¡Ella es el futuro de Bodegas Vega! ¡Nuestro

ó Mateo, impasible. "Isabel se

al brazo de Mateo como si y

. "¿Isabel? ¡Isabel no sabe distinguir un Merlot

su tono no admitía discusión. "Soy

a, di algo. No puedes permitir esto. Esta bodeg

logía, habían muerto en un accidente en esta misma propiedad, y los Vega me acogieron, no por bondad, sin

vas. Negocié los contratos de distribución que pusieron nuestros vinos en las mesas más lujosas d

abía terminado

calma que sorprendió a t

ía unos momentos, se iba a firmar mi sentenci

uero grueso, llen

las últimas cosechas, las fórmulas de los coupages especiales, los cont

. Sabía el valor incalculable de esos cuader

do para extraer vino de las barricas. Se pasaba de generación en generación a la matriarca que dirigiría el futuro enol

rnos. El tintineo de la plata contra e

necesita

on los ojos llenos de lágrimas

. Le di la espalda a la mesa, a mi

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Reescribir el futuro mío
Reescribir el futuro mío
“El dolor agudo en mi pecho me despertó. En el gran salón de Bodegas Vega, me preparaba para una boda forzada. Mateo, mi futuro esposo, me miraba con un odio helado; sabía que él también había renacido. El patriarca Vega anunciaba la unión que se suponía cimentaría nuestro futuro. Pero yo había vuelto para reescribir el mío. "Espere, por favor", dije, mi voz cortando el discurso con una calma que no era mía en otra vida. "No soy digna de Mateo; su corazón pertenece a otra". Mateo, con una sonrisa disimulada, se apresuró a buscar a Isabel, la mujer de su corazón. De inmediato, mi nueva vida se convirtió en una pública humillación. Mateo me despidió abruptamente, y su nueva prometida, Isabel, exigió que me fuera sin nada. "Todo lo que tienes aquí es nuestro", espetó ella, señalando mi vestido, mi reloj, mi bolso. Querían mi humillación total, verme despojada y suplicante. Con una serenidad que los dejó atónitos, me quité el reloj, lo dejé caer, y luego, lenta y deliberadamente, deslicé la cremallera de mi vestido, dejándolo en el suelo. Frente a ellos, en mi ropa interior, dije: "Me voy sin nada, tal como vine. Todas las deudas, las de esta vida y la anterior, están saldadas". Fuera, una horda de periodistas me esperaba, flashes estallando, preguntas crueles. Caí de rodillas, la sangre brotando. En ese momento de máxima vulnerabilidad, un coche negro se detuvo. De él bajó Alejandro Torres, el heredero de un imperio vinícola, ofreciéndome no solo un salvavidas, sino un futuro donde mi talento sería venerado.”
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