icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Mi amor muerto

Capítulo 3 

Palabras:807    |    Actualizado en: 20/06/2025

n batalla fue

s antes del amanecer y de innumerables pruebas, había conseguido una plaza en la canter

udanza a un apartamento tempor

le que ha habido un cambio. La pla

ía bajo mis pies. "¿Qué?

informado de que cedían la plaza a la señorita Car

éfono, tembla

o contestó. Le e

has he

llegó una h

as para Carla. Es hija de una celebridad, atraerá patrocinadores

para

l sueño de mi hijo, sacrificado

en sus redes sociales. Carla, con una equipación de fútbol que le quedaba enorme,

Siguiendo los pasos de su padre y alcanzando las estrellas. Gracias

vidia. Nadie sabía la verdad. Nadie sabía que det

n, mirando por la ventana. No llorab

lverse. "¿Ya no voy

Claro que sí, campeón. Encontrare

que era una mentira.

me consumía. Decidí que no podía seg

icio de oficinas de Imperio Serran

está en una reuni

O casi exespos

n varios ejecutivos. Me miraron con sorpresa. Sofí

é haces aqu

mos habla

lo, cerrando la pu

qué te pasa? ¡Me

í de humillación? Le has robado e

con eso. Es solo fútbol. Crecerá y lo

luchó. Y se lo diste a una niña a la que no le im

sufrido mucho. Merece un poco de felicidad. Y Carla también. Tú

etorcida, la completa falta de emp

iqué, mi orgullo hecho trizas. "Po

. Una risa

ático. Además, ¿por qué debería hacerlo? Leo tiene que aprender que n

a lección. Le estás enseñand

ndo, vi un atisbo de duda. Pero

Pero tengo obligaciones. Deudas de honor que

ta para volver

ado", dije, agar

aldas aparecieron de

ruñí, luchando

hombro. "Ya hemos terminado,

ndo de otro despacho. Me vio, y una sonrisa de puro triunfo se

a guerra acababa de empeza

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Mi amor muerto
Mi amor muerto
“Mi amor por Sofía era tan profundo, que incluso sus extraños comportamientos y su obsesión por su "protegido", Adrián, no podían empañarlo. Teníamos un hijo, Leo, y una vida que creía perfecta, sin saber que yacía al borde del abismo de lo premonitorio. Pero mi mundo se hizo pedazos cuando desperté de un coma con la vívida imagen de mi hijo Leo, de seis años, muriendo en mis brazos por asfixia. Lo más atroz fue ver a Sofía, mi propia esposa, observando con una calma inhumana, priorizando a Adrián mientras Leo luchaba por respirar. La pesadilla se materializó al instante en una atroz publicación de Instagram: ella sonriendo junto a Adrián el mismo día del incendio, con el pie de foto: "Siempre a tu lado, Adrián. Eres la prioridad". La visión no era una pesadilla; era una profecía brutalmente exacta, una condena ya firmada. La ambulancia había salvado a Adrián de un insignificante rasguño, mientras nuestro hijo se ahogaba en humo. Ante mi desesperación por Leo, la única pregunta de Sofía fue: "¿Qué harás para proteger la reputación de Adrián?". Me propuso un cínico "divorcio de conveniencia" para casarse temporalmente con él, para luego "volver conmigo" cuando todo se calmara. No importaban los sueños de Leo, ni su plaza futbolística arrebatada para dársela a la indiferente hija de Adrián. No importaba mi estudio, mi santuario, mi vida, profanado y entregado a Adrián como su "espacio creativo". Ni siquiera cuando Leo sufrió un golpe grave, ella protegió a Adrián antes que a nuestro propio hijo. ¿Cómo pudo la mujer que una vez amé sacrificar la vida y la felicidad de nuestro hijo, la mía propia, por un hombre insignificante, por una supuesta "deuda de honor"? Su frialdad y su crueldad inquebrantable ante el dolor de su propio hijo me dejaron helado, impotente, y a la vez, ardiendo de rabia. Comprendí la verdad más dolorosa: el amor que sentía por ella estaba muerto y enterrado, y con él, cualquier esperanza de redención. En ese instante, mi corazón destrozado se convirtió en un plan frío y calculador. Era hora de que Sofía pagara cada lágrima de mi hijo, cada traición, cada humillación. Era hora de proteger a Leo, no solo de la toxicidad que lo asfixiaba, y desmantelar el imperio de Sofía pieza a pieza. El juego había comenzado, y esta vez, yo dictaría las reglas de nuestra amarga, pero inevitable, venganza.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10