Un CEO en apuros
aq
icio con la mente en
as un par de horas de sueño, mis pies me g
ir los problemas de la sucursal y empezar a ver co
uería pasar desapercibido por ahora, observar, entender
lo cuando, de repente, t
impacto primero en el pecho, como un ch
losión de caos. Miré hacia abajo, a la persona contra la que había
dijo rápidamente, su voz
segundos, me quedé allí, inmóvil, mirando cómo sus m
edaron clavado
por lo general, estaría ya de camino
me había chocado conmigo; a esas alturas, eso ya no imp
ndo levantó la mirada por un momento, sus ojos
e empujaba a hacerlo. Solo la observé por unos segundos más,
s, el cuerpo rígido, manteniendo esa fa
una mirada que, al principio, parecía algo avergonzada, pero lue
ñor fuerte y silencioso, ¿eh? Bueno, un "perdón" habría si
é quiet
un comentario cortante o simplemente ignorado a la persona, su r
e una manera que no esperaba. Parec
qué decir o porque, en ese momento, me di c
siado tiempo observando a alguien que ni
n" en otro idioma, pero sin pronunciarlo. Noté su sorpresa, y cómo su ceja se arqueaba
acia la oficina de Felipe. Cada paso que daba, s
pensando. No era común que alguien me hablara así. Y eso me gustó. Por primera vez en mucho t
más fuerza de la necesaria. Lo encontré sentado, con
a preocupación en la vida. No parecía haber notado el desastre
ina y ese toque de ironía en mi cabeza, pero
dejándola sobre una silla. -Y me parece que
stico de mi parte, pero en mi mente seguía girando esa imagen de la chica del pasillo, su ceja l
Había venido aquí por un motivo,
le pregunté, mientras to
do a ese choque fortuito, a esos segundos de confusión que, por
es aún sobre el escritorio y las manos cruzadas
o, el cansancio acumulado y, para colmo, el choque con aquella chica que no me ha
so a Felipe n
e siempre anticipaba algún tipo de es
un resorte de energía que parecía inagotable en él. Me hizo un gesto p
gunté, con el ceño fruncido y una sospe
a esa expresión, no podí
ondió, sin volverse a mirarme, mientras me g
o para qui
mas. Había venido aquí a solucionar un desastre,
a nosotros, un par de empleados, cada uno concentrado en s
fondo. Estaba inclinada sobre unos papeles, completamente ajena a l
mbién estaba e
Justo lo q
la sala, llamando la atención de todos. Noté cómo las cabezas se gir
nsé, pero claro, con
mportante. -Quiero presentarles al nuevo empleado que se nos une hoy. Este es... -Felipe hizo una pausa dramá
mis músculos se tensaban de inmediato. ¿Pasan
laramente, no iba a dejar que eso pasara sin más, escuché una
del pasillo, con una sonrisa entre burl
dijo, con un toque de sarcasmo que, para
l mundo. Y, como era de esperar, los demás empleados se sumaron a la risa, creando una especie de co
ndome una palmada en la espalda como si es
ndo a Felipe y luego a ella, sin saber si
tensaba mientras trataba
ar con esa broma de inmediato y poner orden, pero... algo me detuvo. La ri
o, y los empleados
a siendo presentado como pasante. Y no solo eso, estaba siendo ridiculizado, y p
tó alguien más desde el fondo de la sala,
e siempre tenía cuando conseguía meterse e
rtido -me susurró. -
que no estaba en el humor para sus to
zos, con los papeles ya organizados sobre el escritorio
o una punzada en el estómago que no
entando ocultar mi frustración mientras la mira