Casada Con El CEO Cruel (La venganza)
gran plan era hacer pagar una a una las lágrimas que su madre había derramado por
su amado papá, que llevaba 13 años durmiendo. Dentro de su pecho se encontraban varios s
su padre. No sabía qué le deparaba el destino, si algún día lo volvería a ver. Quiz
ojos. Sabía que esa familia era muy poderosa y, si
uso escapar, pero lastimosamente ya era tarde; el asisten
n los ojos cerrados. Cuando e
que vaya en
sus mejillas. Damm obedeció y se encaminó hasta la caj
orita; son órde
dejó caer del dolor que le causaba en el pecho. Si tan solo no hubiera
eía cómo un patán la metía en una cajuela como si fuera un objeto. E
oso. Lloró amargamente mientras suplicaba que despertara. Al menos, si él
eró que abrieran la cajuela. Al abrirse, abrió sus bellos ojos verdes; lentamente salió y lo
que estaba frente a ella. Tragó grueso
dre. Él estaba de espaldas mientras llenaba una copa. La
has de ver, escuchado hablar de ella, la joven de 16 años qu
có Alexa. No permitiría que nadie hablara de su padre. Segun
abes nada, mal
azote. No había nadie quien la defendiera, pues el hombre que estaba de espaldas ni siquiera se
entro de una habitación, siendo arreglada por una estilista. La mujer limpiaba una y otra vez el rostr
el hombre más guapo de la ciu
la, si se suponía que la detestaban. Varios pensamientos divagaban en su mente. Ella siempre soñó con ir a la univers
ó a la mujer de sobre el reflejo del espe
La estilista salió una vez qu
ió tenso. La mujer caminó de un lado a otro, moviendo los pies; lo único que se
n perro fuera de casa. Tu padre nos quitó una hija; ahora tú nos darás una. Si no das a luz una niña mujer en el transcurso de dos años, i
cubría su cuerpo. Se estremeció al escuchar las amenazas de aquella mujer. Ahora resultaba que tenía que pari
jardín, donde se celebraría la boda. A nadie en esa casa le importaba los sueños que quer
con un traje negro; el terno era tan negro que parecía que se dirigía a un entierro. Ella, hasta el día de su boda, lo había soñado diferente; imaginaba que su padre la entreg
e. El odio y desprecio que habitaban en el interior de su corazón no le permit
ezó a habla
vo acepta como
e; solo de escuchar ese nom
mirada clavada en el l
parar; sus ojitos verdes estaban
pta por esposo a
epto". Continuó llorando mientras el juez la contemplaba. El hombre sintió lástima por la joven; se not
rrido; mantenía el rostro tal cual lo dejó la estilista. Antón se perdió en el rostro angelical de aquella joven;
n fuerza la mano de la joven; el fuerte apretón la orilló a mirarlo fijamente. Sus miradas
etados, sin quitarle la mirada de ella. Presionaba más la man
í.
ntó Antón, ajustando
pidez, ya que el dolor en su
r y el juez selló la boda. Sin darle un beso ni una sonrisa, Antón se encaminó hasta la
todo en esta mansión;
eglos de la boda. Antón, por su parte, se encaminó hasta el auto, subió a él y se dirigió hasta el hotel donde se estaba queda
dad. Antón la agarró y empezó a besarla; cerraron la puerta y, de camino a la habitación, fueron dejando las prendas caídas. En minutos, Ana estaba trepada sobre él, haciendo movimientos circulares; él lamía y chupaba los p
Ana jugaba con la tetilla de Antón mientras él recordaba u
casado; qué bueno que te diste c
me ca
r qué estás aquí y n
ella no
aba de dicha al imaginar que la esposa de Antón era fea y por eso él no la deseaba como la deseaba a ella. Lo que más dese
ina dentro; me
lo rodeó con sus piernas, le presionó fuerte y, a la vez, con sus manos para que no se corriera f
cha y ella quedó enojada en la cama. Minutos má
nas fuera? Sabes bien q
ica, que me ha sido efectiva en todos lo
hijos con esa de
mosa niña de
a la mujer histérica. Ana lanzó la
sabía dónde iría a dormir. Todas las empleadas la miraban con desprecio;
ejó caer al frío mármol que cubría la lujosa cocina, se abrazó a la
joven dormida en una esquina de la enorme cocina. Al verla toda indefensa, con sus piernas abrazadas, sintió un dolor en el pecho. Ce
se levantó de un salto, empezó a temblar, ya que su cuerpo fue salpicado por una gran cantidad de agua. La mirada p
sabes que tienes que esperar a tu espo
ara tratar de apaciguar el frío que recorría su cuerpo. Antón se dio la vuelta y
orir de frí
que sentía, no deja de pensar que una vez estando en la