“La Dra. Allison Baker sabía lo que era perder pacientes. Se sentó junto a ellos y sostuvo sus manos mientras la muerte se cernía sobre ellos para llevárselos después de su último aliento. Era parte del trabajo y venía con el territorio entender que algunas batallas no se podían ganar. No era algo que un libro de texto pudiera enseñar, pero la experiencia y la pérdida habían grabado esa lección en lo más profundo de su alma. Por eso había dejado el hospital para convertirse en miembro del personal médico de la NSO. Representaban la esperanza y la vida nueva.”