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Alys a sus veintiún años cursaba el último semestre de la carrera de finanzas. Sus esfuerzos le habían permitido ser la mejor en su especialidad; sus notas eran excelentes.
Ella era una joven amable y creía firmemente en el amor y la amistad. Era fiel a sus principios, por eso cuando amaba, lo hacía profundamente. Su familia y amigos eran testigos de ello.
Ese día se levantó temprano como siempre; después de arreglar su dormitorio y darse una ducha reparadora, se puso unos vaqueros ajustados, un suéter marrón y sus botas altas preferidas, ya que el clima esos días era bastante frío. Al llegar a clases no pasó desapercibida, aunque solo llevaba el cabello recogido en un moño alto y un poco de brillo labial; muchos de sus compañeros suspiraban al verla. Pero ella ya tenía a alguien especial.
A pesar de tener una silueta envidiable y una belleza natural, prefería ser discreta. Nunca le había gustado ser admirada únicamente por su físico, sino que buscaba ser valorada por su intelecto y cualidades humanas.
Llevaba dos años de relación con su novio, Brandon Foster; esa mañana, cuando la pantalla de su móvil vibró sobre la mesa y recibió su mensaje de buenos días, se sintió feliz. A pesar de ser el heredero de una familia prominente en la ciudad, siempre tenía tiempo para ella.
También recordó cómo se conocieron: él estaba en su último año y ella apenas cursaba el segundo. Unos chicos la molestaban y él, con su metro ochenta de estatura, la defendió; seguidamente se acercó y le preguntó cómo estaba. Ella le respondió que estaba bien y le agradeció. Un leve rubor se formó en las mejillas de Alys cuando él la pilló observándolo de perfil, e inmediatamente una sonrisa encantadora se dibujó en los labios del chico. Esa sonrisa amable y el brillo de sus ojos la cautivaron desde el primer momento.
Brandon es el suspiro de muchas chicas, pero él solo tiene ojos para ella y eso es suficiente para hacerla feliz.
Alys contaba con el amor y apoyo incondicional de sus padres; ellos manejan su propia empresa y les va muy bien. A pesar de tener una posición económica bastante rentable, ella es independiente y decidió costear sus gastos con su trabajo de medio tiempo, pues prefiere salir adelante por sus propios méritos.
Para ella, todo su mundo era perfecto: padres amorosos, un novio entregado, buenos amigos, un empleo bien remunerado y un expediente académico excelente. ¿Qué más podía pedirle a la vida?
Su turno en el café estaba a punto de terminar. Era un lugar bastante popular y acogedor, el salario era lo suficientemente bueno como para pagar el alquiler del piso que compartían ella y su amiga Sara Miller, además le alcanzaba para cubrir otros gastos básicos.
Unas horas antes, cuando estaba en la universidad y se encontró con su compañera de piso...
-Alys, ¿qué vas a hacer más tarde, después del trabajo?
-Voy a llegar un poco tarde a casa, quedé de reunirme con unos compañeros de clase para estudiar. ¿Por qué la pregunta?
-¡Oh! No es nada, solo quería que me acompañaras a hacer algunas compras, pero ya que estás tan ocupada, no hay problema.
-Bien, ya debo irme -anunció Alys y, mirando el reloj, salió apresuradamente hacia la parada de autobuses-. Nos vemos esta noche en casa -alcanzó a decir con una sonrisa, mientras agitaba la mano.
-Que te vaya bien, amiga -Sara le devolvió el saludo con una sonrisa y caminó hacia el salón de clases.
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