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Capítulo

Entre la arena del desierto, su calor y sus misterios, yacen mis lágrimas...el cadáver de mi antigua yo, mi corazón y mi pasado. Y nace mi futuro del vientre de mi oscuro presente. Temer amar y luchar son el lema de esta batalla. Esa que librarán ellos, por el poder, la posesión y la pasión. Mi batalla sin embargo era  librada contra el hombre que amaba, para defender al que quería. Casada con uno... concubina del otro. Me perdí en las noches de un árido desierto, dónde solo había placer, y en el día un gran deber. Desvelando secretos... Sucumbiendo a los pecados y luchando por la supervivencia, nos tratabamos de mantener a flote en un barco de dolor que parecía hundirse y que solo la lucha por el amor parecía ser el camino hacia la salvación... Pero, ¿Cuántas clases de amor existían allí? ¿A cuántos hombres podía amar a la misma vez? ¿Cómo podía salvarlos a los dos sin perderme a mi misma? Un mundo oscuro, incierto y hasta siniestro se escondía bajo las llaves de aquel palacio del placer, en medio de un desierto de dolor.

Capítulo 1
Savannah 1

Amir Bil Kadim Alfaslan...

Incluso un mes y medio después de haberme hecho suya, en medio de una fiesta a la que mi familia había sido invitada, yo no podía olvidarlo.

¿Cómo podría?...

— No voy a casarme con nadie papá — sentencié en voz baja, sopesando la llegada de mi cercano acceso de rabia y tratando de mantener la calma el mayor tiempo posible.

— Sí vas a hacerlo Savannah — escupía mi hermano, con los dientes apretados e inclinado hacia mí, mostrando su brutal decisión de palmas abiertas sobre la mesa y un papel extendido entre los dos, que esperaba ser firmado por mí, aceptando un matrimonio que no quería ni podía aceptar, con un completo desconocido — estamos en la quiebra, y las medicinas de mamá y su próxima cirugía, solo podrán pagarse si firman y el jeque tiene lo que quiere y me devuelve mi inversión a cambio de mis hermanitas.

Onir, era medio hermano de Sabrinna y mío. Las únicas hijas de mi madre italiana, que por enamorarse del hombre equivocado se había mudado a vivir a Marruecos con nosotras, a la edad de dos años míos y uno de Sabrinna. Nos llevábamos unos meses.

Mi padre, en aquel momento sentado delante de mí, al otro lado de la mesa y con la vista fija en mi llorona madre, como queriendo controlar hasta sus reacciones desde la distancia, era la persona que más despreciaba hasta la fecha.

Un hombre que golpea a una mujer tiene mi desprecio eterno, así sea de mi propia sangre.

Mis ojos verdes estaban rojos de ira. De saberme contra la pared y saber a ciencia cierta, que una vez que firmara aquel papel, tendría que alejarme de toda mi familia porque cuando mi futuro marido descubriera mi gran secreto, me mataría si aún estaba de cuerpo presente para darle la oportunidad.

Otra vez volvía a mi mente aquel hombre que esa única noche me sedujo y se robó mi virginidad, comprometiendo mi vida para siempre.

Solo sabía su nombre y si lo tuviera delante de mí otra vez, sabría reconocer perfectamente aquellas manos que dominaron mi piel en aquella cálida noche marroquí. Esos labios que mordieron los míos con hambre de no detenerse nunca. Sus ojos de un verde más intenso que el mío y aún así parecían oscuros de tanta lujuria. Reconocería hasta su forma ronca de respirar y su manera desesperada de mirarme la boca, como si el mundo pudiese acabarse y el único pedazo en el que quisiera quedarse a vivir para siempre fuera en ella.

Nunca olvidaría a aquel hombre, y mientras mi hermano y mi padre me hacían firmar mi propia venta, pensaba en él, y en lo distinto que podría haber sido todo si no se hubiera marchado un segundo después de besar mis párpados extasiados de su cuerpo en aquella noche, hacía exactamente seis semanas atrás.

— Voy a recuperarlas Savannah — prometía Onir, sabiéndose un vil mentiroso, pues los árabes no se casan y dejan ir a sus mujeres un par de meses después como si nada — sabes que adoro a Sabrinna, nunca dejaré que pase mucho tiempo lejos de nosotros, me gusta cuidarla y protegerla. Voy a arreglarlo todo, pero piensa en mamá.

Él era un manipulador tan malo, que podía verlo en su estado más cínico en el momento en que mencionó a mi madre, por el engañoso término de mamá. Él siempre le guardaba cierto recelo y lo sabía. Igualmente era cierto que su relación con mi hermana era mucho más cercana que conmigo, entendía también que ellos hablaban entre sí un idioma que yo no compartía.

Siempre he sido un espíritu libre. Soy rebelde. Abierta a los cambios y al porvenir y Sabrinna, siempre ha sido más fácil de manejar. Ella siempre ha vivido bajo el ala protectora de Onir, cosa que nunca he entendido bien y ella jamás ha querido explicarme pero lo cierro era que desde pequeños, ella siempre ha sido su consentida, la que dormía con él, incluso hasta a las cosas de la escuela las hacía con él. Ellos han tenido desde siempre un tipo de relación de a dos dónde ni siquiera yo he podido entrar y mi hermana siempre me ha pedido que respete su manera de ver a Onir y así lo he hecho.

Pero eso no quiere decir que no sepa desde siempre quién es él y que tipo de cretino puede llegar a ser.

— ¿Vas a estar bien sabiendo que noche tras noche tus hermanas se tienen que meter en la cama con otros hombres? — alcé mi vista hasta él y pude notar los músculos de su mandíbula apretándose de furia — ¿Podrás dormir plenamente sabiendo que Sabrinna, tan dulce y callada es sometida sexualmente por otro?

Estaba tan concentrada en buscar las palabras que lo hirieran, que no ví a mi padre venir hasta mí y solo pude sentir la bofetada que me lanzó de la silla y cuando caí al suelo, mi frente dejó caer unas pequeñas gotas de sangre y mareada ví como me ponían delante de mí, aquel papel que no pude dejar de firmar y una de mis gotas rojas quedaron impresas en él, como símbolo del día que firmé mi sentencia de muerte.

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