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Amada por el Rey Alfa

Amada por el Rey Alfa

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Capítulo 1
Una princesa en problemas
Palabras:1569    |    Actualizado en:15/11/2021

PDV Jennifer:

"¡Jennifer, zorra! ¿Dónde está mi collar de perlas?", gritó Barbara desde fuera de mi habitación.

Me sorprendí tanto al escuchar su voz, que guardé el collar de perlas en la caja de madera a toda prisa, y luego la escondí debajo de la almohada.

Apenas me había levantado de la cama cuando abrieron la puerta de una patada. Ella entró a toda prisa junto a un grupo de hombres lobo, seguida por Luna Debra, cuyo rostro estaba cubierto con una gruesa capa de maquillaje, que desafortunadamente, no podía ocultar las arrugas que tenía en las esquinas de los ojos.

Estas dos mujeres siempre se vestían de manera extravagante, como si quisieran hacer alarde de todas las joyas que poseían en un solo atuendo.

"Luna Debra, señorita Barbara, ¿qué puedo hacer por ustedes?", pregunté cortésmente, saludándolas como de costumbre con una sonrisa amistosa en el rostro.

"Jennifer, ¿dónde está el collar de perlas que suelo usar?", gruñó la más joven de las dos mujeres, a la vez que agarraba mi cuello y me miraba con furia. "¡Zorra! Siempre has sido una ladronzuela. Tú eres quien limpia mi habitación. ¿Dónde pusiste mi collar de perlas favorito? Lo he buscado por todos lados y no lo encuentro. Tú lo robaste, ¿verdad?".

"Señorita Barbara, no he sacado nada de su habitación. No puede acusarme sin pruebas", respondí pacientemente en un tono que no era ni humilde ni agresivo.

"¡Zorra desvergonzada! ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿Quieres pruebas? ¡Pues vamos a encontrarlas ahora mismo!", espetó la malvada mujer y me empujó hacia atrás. Luego, se volvió hacia los hombres lobo que la acompañaban y les ordenó que registraran mi habitación.

Mi pequeño y viejo cuarto de pronto estaba patas arriba. Arrojaron al suelo la vieja colcha que estaba encima de la cama, y luego patearon la pequeña mesa de madera y el taburete de forma estrepitosa. Lo que era peor, tuve que ver a Barbara caminar sobre mi edredón con sus caros zapatos de tacón alto sin poder hacer nada para impedirlo. Incluso recogió la tetera medio vacía que se había caído al suelo y vertió toda el agua sobre este. Era como si estuviera aprovechando la oportunidad para desahogar toda su ira.

Traté de mantener mi rostro inexpresivo mientras observaba cómo los rufianes convertían mi alcoba en un desastre, pero el resentimiento se apoderó de mi corazón y se reflejó en mis ojos.

"¿Cómo te atreves a mirarme de esa manera? ¡Ya verás lo que te pasará cuando encuentre el collar!", gritó ella, clavando sus talones aún más fuerte en mi edredón.

Apreté los puños para reprimir la ira y la ignoré por completo; sin embargo, al pasar unos segundos, vi que los hombres lobo continuaban arrojando todas mis pertenencias al suelo y no pude mantenerme callada por más tiempo. "¡Deténganse! No he robado nada. ¿Por qué están haciendo esto?", grité.

"¿Por qué? Pues la respuesta es muy sencilla. ¡Soy la hija del Beta, mientras que tú solo eres una esclava, un pedazo de basura que dejaron abandonada!", se burló de mí.

"No es noble en absoluto. Es solo una huérfana que fue adoptada por la Luna", respondí con fiereza.

Antes de que los padres de Barbara murieran, eran amigos cercanos de Luna Debra. Esa era la razón por la que la pareja del Alfa la había acogido, pero en términos de linaje, yo era mucho más noble que ella. Realmente yo no sabía qué había hecho para ofenderla. Desde el principio, yo siempre le había desagradado y me causó problemas tanto en público como en privado.

En ese momento, una loba volcó mi almohada y la pequeña caja de madera cayó al suelo.

"¡No!", exclamé y corrí al instante para tomarla antes que ellos, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, la protegida de la Luna de la manada me pisó el dorso de la mano. Su talón se clavó en mi piel hasta que la sangre comenzó a brotar. No pude menos que hacer una mueca por el dolor agudo que sentí en ese momento.

"Zorra, ¿cuál es la prisa? ¿Por qué te importa tanto esta caja destartalada? Debes estar escondiendo algo en ella", se burló Barbara.

Una loba recogió el pequeño cofre y se lo entregó. Cuando la malévola mujer lo abrió, descubrió el collar de perlas que estaba dentro.

Intenté levantarme, pero ella clavó su talón más fuerte en el dorso de mi mano y me inmovilizó.

Tenía miedo de lastimarme aún más si me levantaba abruptamente. El dolor físico era demasiado intenso para soportarlo, pero no se podía comparar con la profunda pena que sentía en mi corazón.

"¡Luna Debra, mira!", gritó la chica, quien tomó la valiosa joya y la agitó triunfalmente frente a la pareja del Alfa. "¡Te dije que esa zorra me había robado el collar! Ella simplemente se negó a admitirlo. ¿Cómo puede una esclava como ella tener una prenda tan cara?", espetó, mirándome con desdén.

Al observar el collar, Luna Debra frunció el ceño y asintió con la cabeza.

"Le ofrecimos un techo para vivir, ¡pero ella nos robó! ¿Cómo se atreve? Debe ser castigada severamente", continuó Barbara, tratando de que su protectora se enfadara aún más.

"¡Ese collar es mío! Señorita Barbara, mírelo con atención. Este no es igual al suyo", discutí, mordiéndome el labio inferior.

"Aunque no me pertenezca, tampoco puede ser tuyo y como perdiste el que estaba en mi habitación, tomaré este como compensación". La cruel chica apretó el collar que tenía en la mano, me dio una patada en el pecho y luego tiró la caja de madera al suelo.

"¡Luna Debra, por favor, haga algo! Barbara no está siendo razonable", supliqué, volviéndome hacia la mujer loba más importante de la manada, quien era mi último rayo de esperanza.

Sin embargo, esta lanzó una mirada de desprecio. "Si perdiste el collar de Barbara, ¿no deberías compensarla? Deberías sentirte agradecida de que ella no te haga responder por esto", dijo burlonamente.

Apreté los dientes con ira. Sabía que no había nada que pudiera hacer contra estas dos perversas mujeres, así que no tuve más remedio que tragarme el insulto y la humillación. Solo de pensar que la desalmada joven me estaba arrebatando el collar que me había dejado mi difunta madre, casi perdí el control. Realmente deseaba poder destrozar los rostros de ellas y darles de su propia medicina.

"Luna Debra, vámonos. La habitación de esta perra está tan sucia que no es digna de tu presencia". La petulante joven tomó a Luna Debra del brazo y se marchó con un aire de arrogancia, escoltada por los hombres lobo.

"Zorra, no tendrás comida durante todo el día de mañana. Eso es lo que te mereces por fastidiarme", agregó antes de irse.

El día siguiente era mi decimoctavo cumpleaños, pero resultó que me iba a morir de hambre todo el día. El odio hirvió en mi corazón mientras miraba cómo mis enemigas se alejaban. '¡Un día, les haré pagar por todo lo que me han hecho!'. Me juré a mí misma en ese instante.

Durante un largo rato, me senté en el suelo con las rodillas pegadas al pecho, balanceándome hacia adelante y hacia atrás en la oscura y desordenada habitación. Una fría brisa entraba de vez en cuando a través de la ventana rota, lo que me hacía temblar de pies a cabeza. Aún no había llegado el invierno, pero ya se sentía un clima gélido. Apretando mi viejo delantal alrededor de mi cuerpo, finalmente me puse de pie, caminé hacia la puerta y al cerrarla, la madera astillada crujió.

Luego, me di la vuelta, recogí la caja de madera que estaba en el suelo y limpié el polvo con mi delantal. Las lágrimas finalmente corrieron por mis mejillas.

Ese collar de perlas me lo había dejado mi madre, quien había muerto hacía años. Siempre que la echaba de menos, lo miraba y recordaba los tiempos que pasaba con ella.

De hecho, no nací para ser esclava. Mi padre, Lewis Smith, y mi madre, Doris Smith, eran el Alfa y la Luna de la manada del Arcoíris. También tenía un hermano mayor, Jerome Smith. Mi familia siempre me protegió, así que mi infancia fue muy feliz.

Pero cuando tenía siete años, mi madre murió, luego de una repentina enfermedad. Se decía que las cosas malas nunca venían solas. Poco tiempo después, Beta Arthur y algunos otros traidores se rebelaron contra mi padre y lo mataron. Mi hermano mayor me sacó de la manada para mantenerme a salvo, pero los dos nos perdimos durante nuestra fuga.

Después de vagar por mi cuenta por un tiempo, me uní a la manada del Río Oscuro. Por supuesto, no me atreví a revelarles mi verdadera identidad. A partir de entonces, me encargué de lavar la ropa y cocinar todos los días, convirtiéndome en una esclava de esta manada.

Más tarde, escuché que Beta Arthur había llegado a ser el Alfa de la manada del Arcoíris. ¿Cómo podría un traidor convertirse en Alfa? ¡Era ridículo!

Cargué en silencio con todos los males y desgracias que había sufrido en mi corazón, incluida la traición de Beta Arthur, la injusta muerte de mi padre, la desaparición de mi hermano y la forma en que fui insultada y maltratada a diario en la manada del Río Oscuro. Mi mayor deseo era volverme cada vez más fuerte para un día poder saborear mi venganza.

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1 Capítulo 1 Una princesa en problemas2 Capítulo 2 Aceptar el rechazo3 Capítulo 3 Lágrimas de cocodrilo4 Capítulo 4 El príncipe Anthony5 Capítulo 5 La explosión del poder6 Capítulo 6 La victoria7 Capítulo 7 Un aroma irresistible8 Capítulo 8 : Lo siento9 Capítulo 9 El encierro10 Capítulo 10 La decisión del príncipe11 Capítulo 11 Visitar a Elizabeth Jones12 Capítulo 12 Nuestra primera noche juntos13 Capítulo 13 Entrenamiento especial14 Capítulo 14 El amor en el campo de entrenamiento15 Capítulo 15 Favoritismo16 Capítulo 16 Escalada en roca17 Capítulo 17 La visita18 Capítulo 18 Rumores19 Capítulo 19 Expulsada20 Capítulo 20 La trampa21 Capítulo 21 Los verdaderos sentimientos hacia ella22 Capítulo 22 Recobrar el conocimiento23 Capítulo 23 Por casualidad24 Capítulo 24 La carnada25 Capítulo 25 No quiero perderla26 Capítulo 26 Un cambio repentino27 Capítulo 27 Fuego en la cueva28 Capítulo 28 Una noche apasionada29 Capítulo 29 Día de San Valentín30 Capítulo 30 Un baño en aguas termales31 Capítulo 31 El complot de los vampiros32 Capítulo 32 Pasión en la mazmorra33 Capítulo 33 El escape34 Capítulo 34 Fiesta de máscaras35 Capítulo 35 Revelar un secreto36 Capítulo 36 Confesión de amor37 Capítulo 37 Una cita romántica38 Capítulo 38 Placer y deseo39 Capítulo 39 Tengo ganas de ti40 Capítulo 40 Un plan macabro41 Capítulo 41 Los malditos celos42 Capítulo 42 Su manera de castigarme43 Capítulo 43 Solo amigos44 Capítulo 44 Sexo en el auto45 Capítulo 45 Indagación46 Capítulo 46 El verdadero culpable47 Capítulo 47 La pareja de Skylar48 Capítulo 48 El hermano de Jennifer49 Capítulo 49 Amnesia50 Capítulo 50 Incendio en el dormitorio51 Capítulo 51 Las secuelas de un desastre52 Capítulo 52 La llegada de la princesa53 Capítulo 53 La fiesta de bienvenida de Caroline54 Capítulo 54 Un incidente que involucró a Kevin55 Capítulo 55 La visita de Dylan56 Capítulo 56 Jennifer debe morir57 Capítulo 57 Ebria y lujuriosa58 Capítulo 58 El pacto59 Capítulo 59 Vacilación60 Capítulo 60 Una cita a ciegas61 Capítulo 61 La estrategia de Skylar62 Capítulo 62 Secuestro63 Capítulo 63 Coacción64 Capítulo 64 Anthony ha muerto65 Capítulo 65 La nueva esclava sexual de Austin66 Capítulo 66 Reunión67 Capítulo 67 ¡Somos pareja!68 Capítulo 68 La amenaza de Austin69 Capítulo 69 El acuerdo70 Capítulo 70 Un plan para destronar al rey71 Capítulo 71 Blanda de corazón72 Capítulo 72 La propuesta73 Capítulo 73 La ceremonia de bienvenida74 Capítulo 74 Los enemigos tocando a la puerta75 Capítulo 75 Una mufa76 Capítulo 76 La sugerencia de Austin77 Capítulo 77 No eres una mufa78 Capítulo 78 Intercambio de anillos79 Capítulo 79 Aguas termales y pétalos80 Capítulo 80 La decisión de Skylar81 Capítulo 81 Reunión82 Capítulo 82 Coqueteo borracho83 Capítulo 83 En busca del anciano Tony84 Capítulo 84 Una chica misteriosa85 Capítulo 85 La videollamada86 Capítulo 86 La poción mágica87 Capítulo 87 El plan de Caroline88 Capítulo 88 Insomnes89 Capítulo 89 Desastre en la cocina90 Capítulo 90 Confesión de amor91 Capítulo 91 Fragmentos de memoria92 Capítulo 92 Más poción mágica93 Capítulo 93 Un sueño profundo94 Capítulo 94 La boda95 Capítulo 95 El plan de envenenamiento96 Capítulo 96 Foto familiar97 Capítulo 97 Un loco98 Capítulo 98 Sexo desenfrenado en el baño99 Capítulo 99 Juntos100 Capítulo 100 Una trampa tentadora